Jerome R. Ravetz es un matemático y filósofo de la ciencia norteamericano, pero nacionalizado británico en los 60, que ha desarrollado su trabajo de análisis, docencia e investigación en universidades como Oxford, Leeds o Cambridge. Junto con Silvio Funtowitz es uno de los fundadores de la llamada «ciencia post-normal».  

En 1971 publica un libro muy influyente: «Scientific knowledge and its social problems» con el que pretende refundir los aspectos sociales y éticos de la investigación científica con la filosofía de la ciencia y reflexionar sobre las limitaciones de la emergente, en ese momento, «ciencia industrializada»:

«Como producto de una actividad socialmente organizada, la producción de conocimiento científico es muy diferente de la fabricación de jabón. Aquellos que planifican y organizan la actividad científica no deberían descuidar estas diferencias. … La ilusión de que existe una ciencia natural pura y separada de toda relación con la sociedad está desapareciendo rápidamente; pero tiende a ser reemplazada por la vulgar reducción de la ciencia a una rama de la industria comercial» (p 9)

A medida que el mundo de la ciencia ha crecido en tamaño sus problemas más profundos han cambiado de lo epistemológico a lo social y organizativo, por tanto, incluye el factor «poder»:

«El aumento y la mejora del conocimiento científico es un proceso social muy especializado y delicado, cuya salud y vitalidad no es algo que deba darse por sentado…Para comprender esta ciencia ampliada y enriquecida, debemos considerar un tipo de análisis que incluya tanto el poder como el conocimiento.» (p 10)

En el prólogo a la re-edición del libro en 1995, con la ciencia industrial ya hegemónica, Ravetz señalaba la vigencia del texto:

«Todo sigue siendo relevante hoy en día.. hay muy poco en el libro que sea obsoleto».

Ravetz cree que la reflexión más importante del libro fue aquella que describió «la ciencia como un trabajo artesanal»:

«A menos que queramos que la ciencia misma sea degradada y corrompida, y sus resultados utilizados en una carrera precipitada hacia la catástrofe social y ecológica, debe haber una comprensión renovada del tipo muy especial de trabajo, tan delicado y tan poderoso, que implica la investigación científica.”

Ravetz describe magistralmente este tipo tan específico de trabajo artesano que es la investigación científica, la importancia de la ética y de la comunidad de pares:

«.. la asimilación de la producción de resultados científicos a la producción de bienes materiales puede ser peligrosa y, de hecho, destructiva para la propia ciencia. Porque la producción de conocimientos científicos valiosos es muy diferente de la producción de un producto comercial como el jabón. El conocimiento científico no puede ser producido en masa por máquinas atendidas por mano de obra semicualificada. La investigación es una actividad artesanal, muy especializada y delicada. Los estándares mínimos de precisión y fiabilidad para obtener resultados científicos valiosos son extremadamente altos. Pero no hay pruebas externas y automáticas de su calidad, ni sistemas de calibración para comprobar su concordancia con las especificaciones, ni un mecanismo de mercado que permita el rechazo del público de productos de calidad inferior. Para lograr resultados científicos valiosos se necesitan tres factores separados: una comunidad de académicos con un conocimiento compartido de los estándares de calidad apropiados para su trabajo; un compromiso común por hacer cumplir esos estándares mediante las sanciones informales que la comunidad posee y personas cuya integridad personal exija estándares por lo menos tan altos como los requeridos por la comunidad de pares» p 22

Por eso, en el prólogo de la edición de 1995, Ravetz insiste en la importancia del «compromiso ético de los científicos reforzado -y, en última instancia, sostenido- por la calidad moral del liderazgo de las comunidades y organizaciones  científicas». Sin ese compromiso la nueva ciencia industrial, tan vulnerable a la corrupción, «nos llevará al gobierno universal de la mediocridad o algo peor»:

«Si falta alguna de estas condiciones -si hay un campo demasiado desorganizado o demasiado desmoralizado para hacer cumplir los estándares apropiados, o un grupo de científicos que se contenta con publicar trabajos de calidad inferior en revistas de calidad inferior- entonces se producirán malos resultados… cualquier visión de la ciencia que no reconozca las condiciones especiales necesarias para el mantenimiento de la ética científica está destinada a cometer errores desastrosos»

Ravetz advertía en 1971 tanto de los peligros de la ciencia industrial como de los sueños de gestores tecnócratas: 

«la visión «tecnocrática» de la ciencia es peligrosamente unilateral. Asume que la ciencia es un factor independiente y autónomo que sólo necesita apoyo financiero y planificación administrativa para proporcionar bienes ilimitados para todos nosotros. Pero a medida que la ciencia crece, se industrializa.»

La industrialización es un proceso inevitable:

«Esto es en parte una cuestión de escala; a medida que aumenta la inversión en investigación científica, tanto en su conjunto como en el coste de los proyectos individuales, surge la necesidad de una maquinaria administrativa formal para la toma de decisiones y la acción ejecutiva. Además, muchos resultados científicos de utilidad práctica pueden considerarse como una especie de producto que se produce bajo contrato y se adapta a las necesidades especiales del financiador. La mayor parte de los fondos que se destinan a la ciencia son, de hecho, contratos .. es natural que las formas más antiguas de patrocinio y financiación sean desplazados por acuerdos contractuales para la producción de resultados. Por lo tanto, como cualquier otro campo en crecimiento la atmósfera se vuelve cada vez más ‘industrial’; si se crea una gran organización con mano de obra dirigida a tareas especializadas se acabarán enfocando sus tareas hacía los productos más rentables, es decir, aquellos por los que los directores han podido obtener contratos por parte de agencias o empresas que tienen interés en dicha producción»

Ya empieza a resonar la crisis Cochrane que se nos aparece, a la luz de estas reflexiones, como surgida en el contexto de un proceso inevitable de industrialización de una organización científica como la Cochrane:

«Se necesita una concentración del poder, centralizar la toma de decisiones y el desarrollo de un sistema administrativo formal. La gestión de grandes sumas de dinero y la solución de conflictos por demandas en pugna son asuntos que requieren procedimientos adecuados de información y control. El consenso informal de una comunidad de investigadores no puede ser lo suficientemente preciso o fiable para constituir la base del trabajo organizativo» (p 45)

Ante esta inevitable industrialización de la investigación Ravetz insiste en la importancia del liderazgo:

«Un estado saludable y vigoroso del trabajo científico no es en absoluto una condición «natural», sino que requiere un liderazgo capaz de proporcionar una dirección transparente y un compromiso moral con el conocimiento robusto y la comunidad» (p 42)

Si falla el liderazgo ético y, en nombre de la gestión, se debilita la conciencia de lo delicado de la tarea investigadora, todo se desmorona:

«La falta de compromiso que se deriva casi naturalmente de las condiciones técnicas y sociales de la emergente ciencia industrializada es una amenaza grave. Una organización científica desmoralizada acabará disminuyendo sus estándares de calidad y las decisiones y evaluaciones, a las que se llega muchas veces por consenso, tenderán a ser las que impliquen menor riesgo y menor trabajo.» p 62

Reconoce Ravetz que sus reflexiones van contra corriente:

«(dado su aparente éxito) puede parecer descabellado y alarmista afirmar que la ciencia está en peligro de decadencia y disolución por su incapacidad para dar una respuesta adecuada a las nuevas condiciones sociales en las que se produce» p 67

Pero insiste en que es fundamental un nueva conciencia de los peligros que rodean a una ciencia industrializada que tiene dinámicas regresivas asociadas a su propio crecimiento y condiciones:

«Lo que se necesita es, en primer lugar, comprender las nuevas condiciones y la importancia de que el nuevo liderazgo científico encarne las cualidades intelectuales y morales necesarias para adaptar lo mejor del patrimonio ético de la ciencia clásica a las tareas del presente y del futuro.» p 68

Es en el capítulo final cuando Ravetz reclama la necesidad de una ciencia crítica capaz de contrarrestar las limitaciones que el poder económico y burocrático, cada vez más relevante en el proceso de industrialización científico, inevitablemente acarreará en caso de que no haya una conciencia y liderazgo de alto nivel. De igual modo explica las sutilezas de la corrupción científica asociada.

Traduzco casi literalmente ya que este capítulo constituye un, aunque demasiado largo para un post, fantástico resumen del libro: 

«Durante siglos, la comprensión de la ciencia se ha visto condicionada por la creencia en la separación entre conocimiento científico y sociedad. La fe en el logro del conocimiento humano, como absoluto e incondicional, inspiró a los pioneros de la nueva filosofía a partir de la cual creció la ciencia natural y ha sido el argumento principal en defensa de la autonomía de la ciencia contra sus muchos enemigos.

Pero esa fe ya no es adecuada para mantener la integridad y vitalidad de la ciencia. Los intentos de mejorarla mediante análisis puramente epistemológicos no bastan para defender a la ciencia de los peligros y abusos derivados de sus nuevas condiciones sociales; pero, al mismo tiempo, considerar la ciencia como una mera rama especial de la producción industrial llevaría a su rápida degeneración.

En este este libro hemos intentado exponer las diferentes maneras como los condicionantes sociales afectan al conocimiento científico… A partir de este análisis hemos podido estudiar las condiciones bajo las cuales la ciencia puede avanzar hacia un conocimiento robusto… 

Nuestro análisis comenzó considerando la investigación de un problema como la tarea unitaria de la investigación científica. Vimos que este trabajo comprende varias fases distintas, cada una de las cuales involucra sofisticadas habilidades artesanales….Los conocimientos científicos son el resultado de un esfuerzo individual y social complejo y prolongado.

La tarea social de control de calidad en la ciencia tiene que ver directamente con la ética, ya que los objetivos  privados inmediatos de la mayoría de los investigadores tienden a debilitar la calidad de sus tareas. Ningún sistema formal de sanciones y recompensas garantizará el mantenimiento de la calidad del conocimiento ya que las tareas de investigación científica suelen ser demasiado sutiles para ser evaluadas de manera tan objetiva; tampoco las ventajas de la reputación en el grupo serán suficientes para inducir a una persona interesada a hacer sacrificios evitando atajos. Sólo la identificación con sus pares y el orgullo por su trabajo, que requieren un gran compromiso ético, garantizarán un buen trabajo científico….(sin embargo) las condiciones de la ciencia industrializada presentan nuevos problemas y tentaciones para los cuales la «ética científica» heredada es totalmente insuficiente...

Nuestro análisis de los conocimientos científicos genuinos ha demostrado que son el resultado de un largo proceso que se ha desarrollado a lo largo de la historia.. condicionado por su entorno social y cultural, y sujeto a ciclos de crecimiento y declive. El largo período de florecimiento de las ciencias naturales maduras fue una prueba plausible de la reconfortante creencia de que la ciencia, en su período académico y positivo, había llegado realmente al final de la evolución y que, a partir de entonces, experimentaría un simple progreso hacia adelante y hacia arriba indefinidamente.

La «idea de progreso» con la que se asoció íntimamente el surgimiento de la ciencia moderna recibió su golpe mortal en la Primera Guerra Mundial y sus secuelas; pero en la ciencia misma la suposición sobrevivió durante casi otro medio siglo. Esa larga «edad de oro» de la ciencia ha terminado definitivamente, y ahora podemos verla como una fase temporal en la historia de los intentos del hombre de comprender y controlar el mundo perceptible que le rodea.

Si bien reconocemos la novedad de los problemas de la ciencia industrializada, nos equivocaríamos al pensar que toda la actividad social de la ciencia se ha visto completamente transformada en las últimas décadas. Una gran parte de la investigación científica se desarrolla como antes, en un contexto social que sigue siendo más bien «académico» que industrial. La diferencia radical es que nuevas tendencias resultantes de la industrialización se están desarrollando rápidamente, y que la autoconciencia de la ciencia, tal como se refleja en los pronunciamientos de sus líderes, ha cambiado de un simple optimismo a una incertidumbre profunda.

… La investigación científica es ahora una institución social gigantesca que lleva a cabo otras actividades esenciales como la educación superior… Incluso si todos estos sectores se enfrentan a problemas cada vez más graves, seguirán recibiendo apoyo de la sociedad mientras se considere que desempeñan estas funciones mejor que cualquier otra alternativa viable… Debemos recordar que el mundo de la ciencia es muy variado. Algunos campos son intensivos en capital, y por lo tanto muy vulnerables a los efectos de la industrialización; mientras que otros pueden producir un trabajo sobresaliente con pequeñas inversiones para cada proyecto. La historia de la ciencia nos obliga a ser prudentes a la hora de realizar predicciones demasiado simples sobre los efectos sobre la ciencia de los cambios en su contexto de producción...

Con la debida cautela frente a las complejidades del cambio histórico, podemos proceder a indicar los problemas más profundos a los que se enfrentará la ciencia a medida que se desarrolle el proceso de industrialización, y a especular sobre cómo podrían resolverse. Para ello, primero tendremos que analizar las tensiones inherentes a las relaciones entre la investigación científica y la sociedad que, en general, la apoya.

Por sí misma, la investigación científica no es una institución social autosuficiente.. Requiere el apoyo de la sociedad si es que quiere existir y ello necesita una «legitimación» de la sociedad… y eso es algo más que la mera tolerancia ya que necesita recursos económicos parta financiar recursos humanos y materiales. A cambio, la ciencia puede ofrecer la promesa de asistencia en la solución de problemas técnicos y prácticos. Pero estos retornos de la ciencia a la sociedad no son, y no pueden ser, componentes dominantes de los objetivos generales del trabajo.. Si un campo amplio y establecido, que depende de los esfuerzos de muchos investigadores, permite que sus criterios de valor (y por lo tanto también de adecuación) estén dominados por tales funciones externas, el trabajo que se obtenga… será corrupto y contribuirá al avance del conocimiento sólo de manera muy incidental.

Por eso la posición social de la ciencia es bastante precaria. Los científicos no son profesionales del tipo tradicional, que pueden justificar su posición sirviendo a los propósitos de sus clientes, ni la ciencia puede ser conducida a gran escala de forma análoga al de las bellas artes, solo dando prestigio. La ciencia requiere un apoyo muy tangible a cambio de beneficios bastante intangibles…

En épocas anteriores, las principales amenazas a la autonomía de la ciencia se daban cuando algunos campos de investigación eran considerados ideológicamente sensibles, poniendo en peligro la religión establecida… Como resultado, se desarrolló una creencia en la estrecha asociación entre la investigación científica y el pensamiento independiente, racional o crítico en general. Los propagandistas de estas tradiciones han asimilado los mártires de la ciencia (más notablemente, la muy compleja figura de Galileo) a su causa y han trasmitido la idea de que la comunidad científica está necesariamente compuesta por individuos que desinteresada y valientemente están dedicados a la Verdad, en contra de la Autoridad y la Superstición.

Con el advenimiento de la industrialización de la ciencia, ya no es necesario insistir en la reivindicación de la aplicabilidad técnica de la ciencia en general (aunque algunos campos particulares todavía deben justificar sus solicitudes de apoyo en estos términos)… Hay una fracción significativa que ve las aplicaciones de la ciencia muy diferentes a las de los optimistas del siglo XIX… De ahí que se haya desarrollado un tema nuevo, negativo y defensivo en la propaganda de la ciencia: su neutralidad. .. El intento de negar la responsabilidad moral por los efectos del trabajo científico …es demasiado inverosímil para sobrevivir.

El tipo de corrupción que puede ocurrir en la ciencia tiene poco en común con lo que superficialmente se reconoce en la vida pública. Podemos decir que una actividad es corrupta cuando los objetivos reales de las tareas realizadas son contrarios a las funciones sociales profesadas hasta el punto de que se traiciona la confianza pública. La corrupción es ocasionalmente flagrante, pero más comúnmente existe en una penumbra de ambigüedad; .. Debido a esto, un hombre puede trabajar en una situación corrupta sin ser corrupto. Si es ignorante de la situación, o completamente cínico, o capaz de algún tipo de doble moral, puede mantener su integridad personal. Pero una conciencia sombría de que las cosas no son exactamente como deben ser, obligará al agente individual a reconocer la posibilidad de su complicidad en algo culpable… (pero) el miedo a la exposición puede llegar a dominar … y el grupo en su conjunto se mantiene unido por el chantaje mutuo. En tal situación, los peores elementos ganan poder sobre los mejores, y el desempeño de las funciones sociales profesadas será la menor de las consideraciones…

… Incluso en la ciencia académica, la producción y publicación de obras de mala calidad implica un elemento de corrupción, ya que tanto el autor como el evaluador están participando en un engaño, aunque ambiguo, ante un público en gran medida anónimo. La ciencia empresarial es por su propia naturaleza corrupta en este sentido y un campo científico inmaduro pero hipertrofiado difícilmente podrá evitar la corrupción… a medida que nos alejamos de las situaciones sencillas en las que se emiten billetes a cambio de favores, la sutileza y la ambigüedad de la corrupción se hacen más pronunciadas. De hecho, es posible que una persona denuncie un proyecto como corrupto y otra, sinceramente indignada, lo niegue. 

La incapacidad de aceptar los nuevos problemas derivados de la industrialización de la ciencia puede dar lugar a una forma de corrupción muy sutil, pero no por ello menos corrosiva, dentro de la ciencia en su conjunto. En efecto, la ciencia, como parte de la erudición académica, ha afirmado durante mucho tiempo que ejerce con la confianza pública en el avance y la difusión del conocimiento; y ha reivindicado una variedad de privilegios e inmunidades para sus miembros sobre la base de su ética de la autonomía y la integridad…

Pero la industrialización de la ciencia conecta cada vez más diferentes tipos de problemas, tanto en las instituciones como en el trabajo de los individuos. Existe naturalmente una gran tentación para los líderes de la ciencia de intentar obtener lo mejor de ambos mundos durante el mayor tiempo posible: ensalzar las virtudes de la libre búsqueda de la verdad a un público y prometer servicios útiles a otros. Excepto en aquellas coincidencias felices en las que los diferentes criterios de valor dan lugar a elecciones idénticas en un campo, tal situación es susceptible de producir corrupción. 

Un tipo de corrupción más sutil pero más peligroso puede ocurrir cuando el equilibrio de las causas finales reales y profesadas se inclina hacia el otro lado: cuando los científicos reclaman los privilegios apropiados para los herederos de Helmholtz, mientras acumulan riqueza personal y poder institucional a través de la contratación regular de investigación orientada a la misión. Una vez más, los efectos corruptores de tal situación pueden estar latentes, hasta que se exponga y se cuestione. La respuesta natural es entonces ocultar lo que todavía se puede ocultar y explicar lo que no se puede. 

La estructura institucional requiere que la ciencia mantenga una apariencia de autonomía e integridad; sin embargo, la autonomía de la ciencia no puede ser más que una apariencia, especialmente a medida que su rendición de cuentas a sus pagadores se vuelve cada vez más cercana y obvia. El mundo de la ciencia tendrá entonces que creerse a medias que sigue siendo académica, libre y autónoma, mientras que sabe, a medias, que es industrializada, dependiente y responsable ante las burocracias del estado y el mercado. Las funciones tradicionales profesadas de la ciencia son internas y están bajo su control: un medio para alcanzar el objetivo último del avance del conocimiento, tal como ha sido concebido y guiado por sí mismo. Pero los objetivos reales del trabajo están cada vez más subordinados a funciones definidas externamente.

Ciencia Crítica: Política y Filosofía

Ahora podemos permitirnos algunas especulaciones finales sobre posibles tendencias en el futuro de las ciencias naturales. El proceso de industrialización es irreversible y la inocencia de la ciencia académica no puede ser recuperada. La resolución de los problemas sociales de la ciencia creados por su industrialización dependerá en gran medida de las circunstancias y tradiciones particulares de cada campo. Donde la moral y el liderazgo efectivo puedan mantenerse bajo las nuevas condiciones, podremos ver campos enteros ajustándose con éxito a ellas, y produciendo un trabajo que valdrá la pena como ciencia y que será útil como contribución a la tecnología. Esta ciencia completamente industrializada captará la mayor parte de los recursos… 

Los científicos, así como sus líderes e instituciones, serán «mansos»: aceptando su dependencia y sus responsabilidades, es poco probable que se comprometan o alienten a criticar públicamente las políticas de las instituciones que apoyan su investigación y pagan sus gastos. Tal política de prudencia no es necesariamente corrupción; el que lo sea dependerá de muchos factores subordinados en la autoconciencia de este nuevo tipo de ciencia, y de las afirmaciones hechas a sus audiencias.

Pero no todos los miembros de un grupo son fáciles de domar, y el surgimiento de una «ciencia crítica», como fuerza autoconsciente y coherente, es uno de los acontecimientos más significativos y esperanzadores del período actual. Siempre ha habido científicos preocupados por los sufrimientos de la humanidad; pero con muy pocas excepciones se han enfrentado a las alternativas de hacer investigación aplicada que podría beneficiar a la humanidad sin producir beneficios para su empleador industrial… Las amenazas para el bienestar y la supervivencia de los seres humanos que plantea la tecnología desbocada del presente brindan oportunidades para una investigación beneficiosa en una amplia gama de campos; y los problemas que existen son tan difíciles y desafiantes como cualquier otro en la ciencia académica. Estos nuevos problemas no hacen más que proporcionar oportunidades para la investigación científica con funciones humanitarias. La respuesta a este peligro está creando rápidamente un nuevo tipo de ciencia: la ciencia crítica.

En lugar de individuos aislados sacrificando su tiempo libre e interrumpiendo su investigación regular para involucrarse en problemas prácticos, ahora vemos el surgimiento de escuelas científicas de un nuevo tipo. En ellos se realiza una investigación colaborativa de la más alta calidad, como parte de proyectos prácticos que implican el descubrimiento, análisis y crítica de los diferentes tipos de daños infligidos al hombre y a la naturaleza por la tecnología, seguidos de su exposición pública y de campañas para su abolición. Las situaciones problemáticas que investiga la ciencia crítica son el resultado de prácticas cuya corrección implicará inconvenientes y costos monetarios; y los intereses involucrados pueden ser los de grupos poderosos de empresas, o los de las agencias del propio Estado.

La investigación es en gran medida inútil a menos que sea seguida por la exposición y la realización de campañas; por lo tanto, la ciencia crítica es inevitable y esencialmente política. Su estilo de política no es el de los movimientos de masas modernos o incluso el de los «grupos de presión» que representan a una circunscripción particular con un conjunto de intereses distintos; se parece más a la política de la Ilustración, en la que una pequeña minoría utiliza la razón, el argumento y la mezcla de tácticas políticas para utilizar la preocupación pública en cuestiones de bienestar humano.

Los opositores de la ciencia crítica suelen ser instituciones burocráticas que intentan permanecer sin rostro, empujando a sus dóciles expertos, y contratando a defensores y proyectores de imágenes, a la línea de batalla; ocasionalmente un hombre muy distinguido será expuesto como el más irresponsable. En las luchas por la exposición y corrección de prácticas que dañan el medio ambiente o la salud, el papel del Estado es ambiguo. Por un lado, todo gobierno moderno está comprometido en principio con la protección de la salud de su pueblo y la conservación de sus recursos naturales. Pero muchas de las agencias que cometen los peores atropellos son las instituciones del Estado; y en cualquier caso, los poderosos intereses que obtienen ganancias o conveniencia tienen más poder político y económico que unos pocos críticos. A veces ocurre que dos organismos estatales se encuentran en lados opuestos pero la tendencia natural de las agencias reguladoras a quedar bajo el control de quienes se supone que deben regular puede hacer de esta lucha un asunto unilateral.

La presencia de una ciencia crítica eficaz es naturalmente una vergüenza para el liderazgo de los responsables, los industrializados, el stablishment científico. Su reacción natural (y sincera) es acusar a los críticos de ser negativos e irresponsables; y su eslogan defensivo está en la línea de «la tecnología crea problemas que la tecnología puede resolver». Esto no es estrictamente cierto en todos los casos, ya que nada resolverá los problemas de los niños ya muertos o deformados por la lluvia radioactiva o por el medicamento Talidomida. 

Las distorsiones del desarrollo tecnológico surgen cuando los únicos «propósitos» efectivos en la situación son los de las personas que creen que se benefician puramente de la innovación. Sobre la tendencia a la autocorrección de la tecnología, se podría argumentar que ninguna institución grande y responsable continuaría con las prácticas dañinas una vez reconocidas. Pero la historia de las luchas por la salud pública y contra la contaminación, desde su inicio hasta el presente, muestra que las instituciones culpables y los grupos de personas generalmente lucharán por todos los medios disponibles para evitar que sus intereses inmediatos sean sacrificados en beneficio de algún beneficio público impalpable. Si las campañas realizadas por la ciencia crítica llegan a tocar algún tema central para el Estado u otras instituciones muy poderosas, podemos experimentar una polarización de la comunidad de las ciencias naturales. 

No es posible que un líder de la ciencia sea honesto y manso; y si el establecimiento de la ciencia elige servir a sus pagadores en vez de a la verdad, será reconociblemente corrupto. Tales situaciones extremas pueden tardar mucho tiempo en desarrollarse, sobre todo cuando esa ciencia crítica está todavía en su infancia. A medida que se desarrolle, correrá el riesgo de encontrar muchas trampas…Tal vez la más obvio sea la acumulación de rebeldes congénitos, cuyo celo reformador no se corresponde con su habilidad científica. Pero hay otros, que surgen de las relaciones contradictorias entre la ciencia crítica y las instituciones relevantes establecidas en la sociedad que pueden optar por intentar controlarla..  

Es fácil mantener la integridad cuando las palabras y acciones son ineficaces; pero un largo período de impotencia puede conducir al sectarismo. Si uno comienza a alcanzar el poder, y sus políticas afectan los intereses de muchos otros, uno debe decidir dónde está su responsabilidad. Si es sólo para el ideal, entonces uno se encamina hacia la tiranía, hasta que sea derrocado por las huestes de enemigos que uno ha levantado. Y si uno acepta la responsabilidad de mantener un bienestar general, incluyendo el de sus oponentes, estará en condiciones de esquivar la corrupción y la impotencia. Podemos esperar, entonces, que la futura historia política de la ciencia crítica sea tan compleja y quizás tan torturada como la de cualquier movimiento radical y reformista exitoso. Pero si sobrevive a las trampas de la maduración, y así contribuye a la supervivencia de nuestra especie, también puede ser una contribución muy importante al desarrollo de la propia ciencia.

Porque si el estilo de la ciencia crítica, impuesto por la naturaleza misma de sus problemas, se incorpora a una filosofía coherente de la ciencia, proporcionará la base para una transformación de la investigación científica tan profunda como la que ocurrió en la primera Europa moderna. Los problemas, los métodos y los objetos de investigación de una ciencia crítica madura y coherente serán muy diferentes de los de la ciencia o la tecnología académica tal como se han desarrollado hasta ahora; y juntos pueden proporcionar una base práctica para una nueva concepción de la humanidad en sus relaciones consigo misma y con el resto de la naturaleza.

El trabajo de investigación en la ciencia crítica implica una conciencia de las habilidades artesanales a todos los niveles, y un esfuerzo consciente de dominar nuevas habilidades. Los datos en sí mismos se obtienen en una gran variedad de formas, desde el laboratorio y la realidad, a la búsqueda a través de una literatura variada, no toda en el dominio público. Gran parte de ella carece de solidez, y todo ello requiere un tratamiento sofisticado e imaginativo antes de que pueda funcionar como información. De hecho, dado que las situaciones problemáticas se presentan en el medio ambiente y que gran parte de los datos cruciales deben producirse en condiciones de laboratorio, el trabajo en la ciencia crítica puede superar la dicotomía entre el trabajo de campo y el trabajo de laboratorio que se ha desarrollado en la ciencia, incluso en los campos biológicos, durante el siglo pasado.

En las fases posteriores de investigación de problemas, siempre estarán presentes los mismos retos de variedad y novedad. El establecimiento de la fuerza y el ajuste de cada prueba en particular es un problema en sí mismo; y los objetos de investigación (incluyendo las medidas de los diversos efectos y procesos, así como los estándares convencionales de aceptabilidad en la práctica) son tan evidentemente artificiales, que uno corre peligro de ser encerrado en ellos como un mundo de sentido común. El establecimiento de criterios de idoneidad para los problemas resueltos es posible, ya que el trabajo será frecuentemente una extensión y combinación de campos establecidos para nuevos problemas, y así la ciencia crítica puede escapar a los peores peligros de la inmadurez. Además, cualquier publicación crítica estará sujeta a un riguroso escrutinio por parte de los expertos de la otra parte, por lo que se requieren altos estándares de idoneidad debido al contexto político del trabajo. De hecho, un problema completamente resuelto en la ciencia crítica será más exigente que en la ciencia pura o en la tecnología. En el primer caso, suele bastar con obtenerse una conclusión sobre las propiedades de los objetos artificiales de investigación que puedan derivarse de los datos obtenidos en las condiciones controladas del experimento; en el segundo, basta con que un dispositivo artificial realice sus funciones sin perturbaciones indebidas por parte de su entorno natural; mientras que en este caso, las redes de causalidad entre y dentro de los objetos artificiales y naturales los sistemas deben ser suficientemente entendidos para que su armonía pueda ser mantenida.

Los aspectos sociales de la investigación en la ciencia crítica son también propicios para el mantenimiento de su salud y vitalidad, al menos hasta que la respuesta a su desafío se vuelva demasiado sofisticada. El propósito último que rige la obra es la protección del bienestar de la humanidad como parte de la naturaleza; y esto no es ni remoto ni vulgar. La ciencia crítica no puede ser un hogar permanente para los profesionales y los empresarios de la clase ordinaria; aunque bien puede utilizar los servicios de jóvenes brillantes que intentan finalmente servir como expertos ilustrados. Aquellos que quieren un trabajo rutinario y seguro para el logro de la eminencia por la acumulación no encontrarán un contexto favorable pues sus investigaciones estarán marcadas por una sucesión de situaciones problemáticas, cada una de las cuales presentará nuevos desafíos y dificultades. Por lo tanto aunque la ciencia crítica experimentará sus períodos de turbulencia, política y científica, estará bien protegida del estancamiento y del tipo de corrupción creciente que puede llegar fácilmente a la ciencia industrializada posterior.

Por último, los objetos de investigación de la ciencia crítica serán inevitablemente diferentes de los de la ciencia pura o la tecnología tradicionales, pues aquí la relación del científico con el mundo exterior será  fundamentalmente diferente. En la ciencia natural matemático-experimental tradicional, el mundo externo es un objeto pasivo que debe ser analizado, y sólo las propiedades más simples y abstractas de las cosas y eventos son capaces de ser estudiadas. En la tecnología, las reacciones del mundo real incontrolado en un dispositivo construido deben tenerse en cuenta, pero sólo como perturbaciones de un sistema ideal; la tarea es manipularlo o protegerlo de sus efectos. Pero cuando el problema es lograr una interacción anhelante entre el hombre y la naturaleza, el mundo real deberá ser tratado con respeto: como un sistema complejo y sutil por derecho propio, y como un patrimonio del que somos administradores temporales para las generaciones futuras.

Por lo tanto, aunque los estudios de nuestra interacción con el medio ambiente utilizarán necesariamente todo el aparato intelectualmente construido de investigación moderna, su estado y su contenido se modificarán inevitablemente. Serán más fácilmente reconocidos estos estudios como herramientas imperfectas, con las que intentamos vivir en armonía con el mundo real que nos rodea; y aunque esta actitud parezca conducir al escepticismo, será más sano reconocer que el conocimiento genuino surge de una larga experiencia social y que la supervivencia de nuestra civilización dependerá en gran medida de su existencia. Los objetos de investigación en sí mismos incluirán entre sus atributos esenciales las causas finales, no sólo las funciones limitadas propias de la tecnología, sino también los juicios de idoneidad y éxito ya desarrollados en la biología y ecología clásicas. Todo esto es trabajo para el futuro; pero si tiene éxito, se superará la oposición entre el conocimiento científico y las preocupaciones humanas, característica de las ciencias derivadas de la filosofía natural deshumanizada del siglo XVII.»